Certezas, motivos y razones
“No llores, no tengas miedo” ¡Cristo ha resucitado!, Mt 28:5
La resurrección de Jesucristo nos da suficientes motivos, razones y certezas
para confiar y seguir a Jesús. En medio de cualquier oscuridad, desilusión o
frustración debemos volver a recordar que hay un nuevo día y amanecer.
La luz triunfa sobre las tinieblas, la vida sobre la muerte, la justicia sobre
la injusticia, la verdad sobre la mentira y el amor sobre el odio. Sin entender
todo, se nos llama a creer y avanzar.
La única manera de conocer a Jesús es caminar con él. En medio del camino las
dudas son aclaradas y viene la certeza. María Magdalena se quedó llorando junto
al sepulcro, Jn 20:10-11 y busca a Jesús como alguien que está muerto, Lc 24:5.
No ve a Jesús resucitado. Estamos tentados a pensar que la resurrección de
Jesucristo no puede ayudarnos en nuestras luchas, dudas y temores. Jesús nos
invita a cambiar nuestro criterio.
Jesús cuestionó a María Magdalena ¿Por qué lloras? Quiere que veamos su
presencia en medio de toda circunstancia. Ninguna situación está fuera del
control de Dios. Ella y las otras mujeres le abrazaron los pies y lo adoraron,
Mt 28:9, pero su mandamiento fue de animar a los hermanos, salir al mundo y no
privatizar la misión.
“Vivir de acuerdo con la resurrección de Jesucristo es permitir que su voluntad
sea la guía para todo aspecto de nuestra vida”. Salgamos con una misión de amor
compartiendo todo el evangelio con toda la humanidad
El último enemigo
“El domingo por la mañana temprano, mientras aún estaba
oscuro, María Magdalena llegó a la tumba y vio que habían rodado la piedra de
la entrada. Corrió y se encontró con Simón Pedro y con el otro discípulo, a
quien Jesús amaba. Les dijo: «¡Sacaron de la tumba el cuerpo del Señor, y no
sabemos dónde lo pusieron!». Pedro y el otro discípulo se dirigieron a la
tumba”. Jn 20:1-3
María Magdalena llegó a la tumba y podemos imaginar su paso.
Alessandro Pronzato nos comenta: “Es el típico de quien va al cementerio.
Cuando uno tiene una cita con la muerte no corre … El andar de Maria Magdalena
hacia el sepulcro es pesado, cansado, doliente, resignado, … y se lleva consigo
solo los recuerdos, pero he aquí que, de repente, se convierte en testigo del
acontecimiento más increíble que se pueda imaginar. Vio que habían rodado la
piedra de la entrada. El incidente inesperado. El que lo cambia todo. Si la
piedra que sella la tumba no está en su lugar, nada ya está en su sitio. Si ni
siquiera hay orden en un cementerio, es que todo ha cambiado. Si hasta los
signos intocables de la muerte han sido alterados, entonces nada se encuentra
en su lugar”.
La resurrección cambia todo. Es alegría y esperanza. Ni la
muerte ni la vida son ya lo que han sido hasta ahora. María Magdalena corrió y
se encontró con Simón Pedro y con el otro discípulo, a quien Jesús amaba. Les
dijo: «¡Sacaron de la tumba el cuerpo del Señor, y no sabemos dónde lo
pusieron!» Todos se pusieron a correr, se cruzan, hay confusión, pero aquí la
desgracia irreparable le ha sucedido a la muerte. Lucharon vida y muerte, pero
algo grave le sucede a la muerte. Precisamente a ella, que parecía dueña
absoluta del campo, siempre dominadora invencible, acostumbrada a decir la
última palabra, se encuentra vencida por alguien mas fuerte y de aquí nace la
esperanza para todos nosotros.
La buena noticia que anunciamos es que Dios resucitó a
Cristo. ¡Cristo resucitó! Esto nos enseña que también resucitarán los que
murieron. Lo cierto es que Cristo sí resucitó de los muertos. Él es el primer
fruto de una gran cosecha, el primero de todos los que murieron.
“Oh muerte, ¿dónde está tu victoria? Oh muerte, ¿dónde está
tu aguijón?», 1 Co 15.55. Todos los que pertenecen a Cristo recibirán vida
nueva. Todos los que pertenecen a Cristo serán resucitados cuando él regrese.
“Y el último enemigo que será destruido es la muerte. Pues las Escrituras
dicen: «Dios ha puesto todas las cosas bajo su autoridad», 1 Co 15:26-27
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox




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