Volver a la fuente de agua viva
“Dios me dijo: «Jeremías, ve y diles de mi parte a todos los habitantes de Jerusalén: ... Ustedes, pueblo mío, cometieron dos pecados: me abandonaron a mí, que soy para ustedes una fuente de agua que les da vida, y se hicieron sus propios estanques, que no retienen el agua. Yo era su guía, pero ustedes me rechazaron… Sus propias rebeliones y maldades demuestran que ustedes son culpables. Pónganse a pensar, y reconozcan lo malo y triste que es abandonarme y no obedecerme. Les juro que esto es así”, Jer 2:1-19
Dios elige a Jeremías como su profeta y no es llamado a gozar místicamente de Dios, sino a ser intermediario entre Dios y el pueblo, a ser portador de una palabra nueva. Dios nos seduce y nos llama a ser testigos creíbles.
Dios nos vuelve a decir “póngase a pensar… Yo soy la fuente de agua que les da vida”
Dios nos llama a edificar y plantar, pero es necesario primero arrancar, extirpar y sacar desde la raíz lo que no sirve. La meta es una relación nueva con Dios y más profunda.
Dios nos dice: “Así como antes me dediqué a derribarlos, arrancarlos y destruirlos, ahora me dedicaré a plantarlos, reconstruirlos y ayudarlos a crecer”, Jer 31:28.
La promesa de Dios nos dice que estará con nosotros. Dios quiere bendecir a las naciones, destruir el mal por medio del Reino de Dios y ser reconocido como el único Dios.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox




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