jueves, 16 de abril de 2026

El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos

Espíritu y verdad

"Pero se acerca el tiempo—de hecho, ya ha llegado—cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. El Padre busca personas que lo adoren de esa manera. Pues Dios es Espíritu, por eso todos los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad", Jn 4:23-24

Jesús nos dice: "Sólo el Espíritu da vida eterna; los esfuerzos humanos no logran nada. Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida", Jn 6:63. Gracias al Espíritu Santo, un principio que va más allá del ser humano es que tenemos la posibilidad de estar en relación con Dios. Ahora bien, el Espíritu es inseparable de la verdad. La verdad es Jesús mismo que revela el rostro de Dios y su voluntad. Lo que caracteriza a los adoradores, tal como Dios los quiere, es el empeño por escuchar al Señor y hacer su voluntad, como bien se manifiesta a través de Jesús. 

El ser humano nacido de nuevo rinde una adoración nueva y no se trata solo de un servicio realizado con los labios y gestos externos o bien limitada a la esfera interior. El que es nacido del Espíritu Santo escucha la palabra y da un fruto que se manifiesta especialmente en el mandamiento nuevo del amor. "Así que ahora les doy un nuevo mandamiento: ámense unos a otros. Tal como yo los he amado, ustedes deben amarse unos a otros. El amor que tengan unos por otros será la prueba ante el mundo de que son mis discípulos», Jn 13:34-35.

"Lo que pido de ustedes es misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios en lugar de holocaustos", Os 6:6. Adoremos en Espíritu y Verdad.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


miércoles, 15 de abril de 2026

No podemos contener lo que nos da alegría y lo compartimos

 Historia

"Jesús le dijo: —Ve y trae a tu esposo.  —No tengo esposo—respondió la mujer. —Es cierto —dijo Jesús—. No tienes esposo porque has tenido cinco esposos y ni siquiera estás casada con el hombre con el que ahora vives. ¡Ciertamente dijiste la verdad!", Jn 4:16-18

Jesús sabe cuál es nuestra historia y la quiere cambiar, reorientar, redirigir. La mujer anónima de Samaria nos recuerda que Jesús "sabe", conoce nuestros enredos más secretos. Su palabra y su mirada, nos quita las máscaras, deja al descubierto las heridas que intentamos esconder, denuncia las verdaderas causas de nuestra insatisfacción e inquietud. Ante la presencia de Jesús no podemos escondernos y quedamos expuestos como somos. Él quiere quitar el empobrecimiento que muchas veces enfrentamos, toda disminución, toda complacencia.

Se trata de no dejar para mañana la conversión, de diferir hasta el infinito las decisiones más comprometedoras. El encuentro con él, si es verdadero encuentro, es inquietante, perturbador, no deja nunca las cosas y las personas como estaban. Nos vemos obligados a rehacer la escala de valores. Hay un cambio profundo de costumbres y se descubre lo esencial.  No podemos contener lo que nos da alegría y lo compartimos. "Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!", 2 Co 5:17

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox 


martes, 14 de abril de 2026

Dios continúa en la búsqueda del ser humano y el ser humano es el cansancio de Dios

Peligro y oportunidad       

"Jesús, cansado por la larga caminata, se sentó junto al pozo cerca del mediodía", Jn 4:6

Caminar implica cansarse. Dios continúa en la búsqueda del ser humano y el ser humano es el cansancio de Dios. Junto al pozo de agua se encuentra Jesús y la mujer y este encuentro se inicia con una petición de Jesús. "—Por favor, dame un poco de agua para beber". Jesús reconoce la necesidad del otro y no hace discriminación, pero a su vez el que pide pasa a ser el que ofrece

La mujer samaritana intuye que el encuentro con Jesús puede convertirse en peligroso. Ese hombre no es como los demás. En su diálogo con Jesús trata de alguna manera de escapar, librarse y no sentirse cercada. No quiere quedarse atrapada y quizás desea evadir la verdadera cuestión. "Jesús le dijo: —Ve y trae a tu esposo. —No tengo esposo—respondió la mujer. —Es cierto —dijo Jesús—. No tienes esposo porque has tenido cinco esposos y ni siquiera estás casada con el hombre con el que ahora vives. ¡Ciertamente dijiste la verdad!". Jesús la enfrenta con su verdadero problema

Al principio la mujer huye para atrás y se refugia en el pasado tratando de situar a Jesús en las categorías religiosas tradicionales. "¿Se cree usted superior a nuestro antepasado Jacob, quien nos dio este pozo? ¿Cómo puede usted ofrecer mejor agua que la que disfrutaron él, sus hijos y sus animales?"

Jesús no se deja aprisionar por los esquemas del pasado porque "todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás" y la mujer intenta su última jugada hacia delante. “Así que dígame, ¿por qué ustedes, los judíos, insisten en que Jerusalén es el único lugar donde se debe adorar, mientras que nosotros, los samaritanos, afirmamos que es aquí, en el monte Gerizim, donde adoraron nuestros antepasados?" La mujer trata de ganar tiempo y el peligro consiste en aplazar la conversión. "Entonces Jesús le dijo:—¡Yo Soy el Mesías!". Jesús desafía a la mujer y también a todos nosotros a tener un encuentro en el presente con él, aquí y ahora."Por eso les rogamos que no menosprecien el amor que Dios les ha demostrado… ¡Escuchen! Ese momento oportuno ha llegado. ¡Hoy es el día en que Dios puede salvarlos!", 2 Co 6:1-2

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox



lunes, 13 de abril de 2026

Busquemos en lo cotidiano de todos los días el "agua viva"

 Agua fresca

"Poco después, llegó una mujer samaritana a sacar agua, y Jesús le dijo: —Por favor, dame un poco de agua para beber", Jn 4:7 

Jesús se encuentra con una mujer al borde de un pozo, que se encuadra en lo cotidiano, lo de todos los días. Jesús se detiene no porque espera convertir a alguien, sino porque está cansado, siente calor, tiene hambre y sed. La mujer llega al pozo no porque haya sido informada que se encontraba el famoso maestro de Galilea, sino porque tiene que sacar agua. Su problema es el agua, no la confesión de sus pecados. Lo que resulta insólito es la hora en este encuentro. El sol del mediodía pega fuerte y la gente prefiere quedarse en sus casas, pero la mujer- de la que se habla mucho en la ciudad - ha elegido esta hora incómoda para evitar encontrarse con algunas personas que tienen la lengua demasiado fácil para hablar de otros.

La conversación se inicia con dificultad y desconfianza. El agua constituye el tema obligado, pero Jesús cambia y se convierte en alguien que ofrece un don misterioso. Él hace referencia a una fuente que no tiene nada que ver con aquel pozo. Toca el argumento de la sed, pero está hablando de otro tipo de sed.

Hay improvisación, sorpresa y espontaneidad en este encuentro. "Jesús le dijo: —Por favor, dame un poco de agua para beber" La mujer se sorprendió, "Entonces le dijo a Jesús: —Usted es judío, y yo soy una mujer samaritana. ¿Por qué me pide agua para beber?". Jesús suele ser inquietante y cuando desea darnos algo nos tiende una mano. El rico asume el rol de mendigo. "Jesús contestó: —Si tan solo supieras el regalo que Dios tiene para ti y con quién estás hablando, tú me pedirías a mí, y yo te daría agua viva".

Busquemos en lo cotidiano de todos los días el "agua viva" que viene por parte del Señor y rechacemos aquellas fuentes que no traen vida. Jesús nos vuelve a decir: "—Cualquiera que beba de esta agua pronto volverá a tener sed, pero todos los que beban del agua que yo doy no tendrán sed jamás. Esa agua se convierte en un manantial que brota con frescura dentro de ellos y les da vida eterna", Jn 4:13-14

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox 

domingo, 12 de abril de 2026

A todo pueblo y nación ¡Salud!

Pensando en la Nación

“Anuncia este mensaje: “Pueblo infiel, ¡vuélvete a mí! Me olvidaré por completo de mi enojo, y te recibiré con los brazos abiertos, porque soy un Dios bondadoso. Tan sólo te pido que reconozcas tu culpa, que admitas que te rebelaste contra mí, que no has querido obedecerme, … Yo les daré gobernantes que actúen como a mí me gusta, para que los guíen con sabiduría y con inteligencia" Jer 3:6-25, 4:1-2

Cuando Dios tocó los labios de Jeremías sus palabras tuvieron un valor especial, Jer 1:7-9. La Palabra produce un impacto y tiene su acción en arrancar y destruir, edificar y plantar. No se acomoda al sistema vigente y es una invitación al arrepentimiento.

El propósito último de la misión es la conversión y Jeremías como Ezequiel tuvieron que hablar sobre la falsa seguridad en la que estaba fundamentada la nación, Jer 7:1-28.

Fueron acusados de traidores y blasfemos, Jer 26:7-11. Dios le dijo al pueblo: “Este templo es mi casa, pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones. ¡Yo mismo lo he visto! Les juro que así es.”, Jer 7:11. El resultado fue que la gloria de Dios abandonó el templo, Ez 10:4 y 18.

De nada servían los ritos sagrados y sacrificios. Dios no depende del culto y no lo podemos manipular. Dios sale de todo ámbito donde quiere reinar la manipulación humana y se hace presente en otras tierras. Lo acontecido era un tiempo de purificación donde se apela a la conversión.

Jeremías habló de plantar y edificar sin traicionar el mensaje y su encarnación. "Ellos respondieron: «Dios nuestro, aquí nos tienes. A ti volvemos, porque eres nuestro Dios … Por eso, debemos avergonzarnos y humillarnos por completo» … Entonces Dios les contestó: Así, por amor a ustedes bendeciré a todas las naciones, y ellas me cantarán alabanzas», Jer 3:6-25, 4:1-2

Nuevamente Dios nos llama al arrepentimiento y nacer de nuevo. Su amor permanece y espera nuestra respuesta. A todo pueblo y nación ¡Salud!

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox

sábado, 11 de abril de 2026

Dios nos vuelve a decir “póngase a pensar… Yo soy la fuente de agua que les da vida”

Volver a la fuente de agua viva                                                                                                          

“Dios me dijo: «Jeremías, ve y diles de mi parte a todos los habitantes de Jerusalén: ... Ustedes, pueblo mío, cometieron dos pecados: me abandonaron a mí, que soy para ustedes una fuente de agua que les da vida, y se hicieron sus propios estanques, que no retienen el agua. Yo era su guía, pero ustedes me rechazaron… Sus propias rebeliones y maldades demuestran que ustedes son culpables. Pónganse a pensar, y reconozcan lo malo y triste que es abandonarme y no obedecerme. Les juro que esto es así”, Jer 2:1-19

Dios elige a Jeremías como su profeta y no es llamado a gozar místicamente de Dios, sino a ser intermediario entre Dios y el pueblo, a ser portador de una palabra nueva. Dios nos seduce y nos llama a ser testigos creíbles.

Dios nos vuelve a decir “póngase a pensar… Yo soy la fuente de agua que les da vida”

Dios nos llama a edificar y plantar, pero es necesario primero arrancar, extirpar y sacar desde la raíz lo que no sirve. La meta es una relación nueva con Dios y más profunda.

Dios nos dice: “Así como antes me dediqué a derribarlos, arrancarlos y destruirlos, ahora me dedicaré a plantarlos, reconstruirlos y ayudarlos a crecer”, Jer 31:28.

La promesa de Dios nos dice que estará con nosotros. Dios quiere bendecir a las naciones, destruir el mal por medio del Reino de Dios y ser reconocido como el único Dios.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


viernes, 10 de abril de 2026

Yo te haré tan fuerte como un poste de hierro

El Dios de lo imposible
“Yo te haré tan fuerte como un poste de hierro, como un portón de bronce, como una ciudad amurallada. Vas a enfrentarte a todas las autoridades de Judá. Esa gente peleará contra ti, pero te aseguro que no te podrán vencer, porque yo estaré a tu lado para cuidarte», Jer 1:18-19

El Dios que todo lo hace posible implica que no hay nada imposible que pueda transformar. La palabra de Dios se transformó en mensaje para la vida de Jeremías cuando Josías llevaba trece años como rey de Judá. También le dio otros mensajes durante los reinados de Joacín y de Sedequías. Jeremías fue testigo de las más altas esperanzas de Israel y de su más profunda desesperación. 

Le tocó vivir en el reinado de Josías donde hubo reformas sociales, religiosas y políticas que llevaron a Judá por un breve tiempo a un estado de esplendor. Luego de la muerte de Josías se abrió un camino de desgracias nacionales que terminaron con la conquista de Jerusalén y la destrucción del templo. En el momento más difícil Jeremías proclama el día de salvación. 

La intervención de Dios en la vida de una persona nos muestra una experiencia religiosa íntima y a su vez nos indica la soberana intervención de Dios para transformarlo en un mensajero: «Yo te elegí antes de que nacieras; te aparté para que hablaras en mi nombre a todas las naciones del mundo». El desafío será enfrentar a las autoridades de su época.

Su excusa era que no tenía experiencia: “Yo no sé hablar en público, y todavía soy muy joven”. La respuesta de Dios fue “No tengas miedo, que yo estaré a tu lado para cuidarte. Desde hoy tendrás poder sobre reinos y naciones, para destruir o derribar, pero también para levantar y reconstruir”. Su promesa fue “Yo te haré tan fuerte como un poste de hierro”. Nosotros al igual que Jeremías se nos desafía a creer y dejar actuar a Dios para que se cumplan sus propósitos. Para esto es necesario arrancar, derribar, destruir y demoler viejas maneras de pensar y actuar porque Dios desea construir y plantar algo nuevo.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox

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jueves, 9 de abril de 2026

El Espíritu una y otra vez llama a la iglesia a una nueva obediencia

Un espíritu libre                                                                                                                  

“A todos les gustó la idea y eligieron a Esteban (un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo), a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás de Antioquía (quien anteriormente se había convertido a la fe judía)”, Hch 6:5

Esteban era un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo. Se lo describe también como lleno de la gracia y del poder de Dios haciendo grandes prodigios y señales milagrosas entre el pueblo, Hch 6:8.

Esteban ocuparía un rol vital en el desarrollo de la misión cristiana y su extensión a todo el mundo. Mientras los apóstoles enfatizan y retienen el ministerio de la palabra de Dios, “es Esteban quien proclama esta palabra, y da testimonio supremo de ella con su martirio. A consecuencia de este suceso, los cristianos, particularmente los ‘griegos’, se dispersan y con ello se expande la misión”, Hch 8:4.

Acto seguido, es Felipe, otro de los ‘siete’, quien ocupa el centro del escenario al llevar el evangelio primero a Samaria y luego al eunuco etíope” “Que hubiera sido de la iglesia si Esteban y Felipe hubieran dicho: No, nuestro ministerio es el servicio interno en la comunidad de fe, no el de la palabra, y por lo tanto no hemos de predicar a otros”.

El Espíritu una y otra vez llama a la iglesia a una nueva obediencia. El futuro de la iglesia estaría en aquellos “griegos” que habían sido marginados. Muchas veces una de las preocupaciones de la iglesia es su estructura, mantenimiento, gobierno, funcionamiento, etc. Buscamos en el Nuevo Testamento un patrón fijo o un modelo a seguir.

El problema, puede estar en seguir patrones de aprendizaje que solo siguen la tradición sobre lo que se ha hecho hasta el presente. 

“La iglesia de Dios está formada por personas, no en edificios y la palabra de Dios alude a las escrituras, no a las tradiciones. Mientras se preserven estos dos elementos esenciales, no importa si se hace necesario prescindir de los edificios y de las tradiciones. No debemos permitir que estos últimos aprisionen al Dios vivo o impidan su misión en el mundo”

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


En Pentecostés ha comenzado un nuevo tiempo

Un mundo más amplio

“De manera que los Doce convocaron a todos los creyentes a una reunión. Dijeron: «Nosotros, los apóstoles, deberíamos ocupar nuestro tiempo en enseñar la palabra de Dios, y no en dirigir la distribución de alimento. Por lo tanto, hermanos, escojan a siete hombres que sean muy respetados, que estén llenos del Espíritu y de sabiduría. A ellos les daremos esa responsabilidad. Entonces nosotros, los apóstoles, podremos dedicar nuestro tiempo a la oración y a enseñar la palabra», Hch 6:3-4
En el libro de los Hechos vemos que el Espíritu está decidido a hacer nuevas cosas. Está abriendo a la iglesia a un mundo más amplio. Es importante reflexionar sobre la relación que hay entre una misión que se va ampliando y la transformación de las estructuras de la iglesia y el liderazgo para llevar a cabo esa misión.
En Pentecostés ha comenzado un nuevo tiempo y esto requerirá de personas capaces de tener esa visión. Como resultado de las decisiones que se tomaron, el texto de la palabra de Dios nos dice: “Y la palabra de Dios se difundía: el número de los discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén, e incluso muchos de los sacerdotes obedecían a la Fe”, Hch 6:7.
Nosotros como iglesia debemos ver en este tiempo cuáles son las nuevas circunstancias y contextos que nos toca vivir. Debemos preguntarnos cuál es la mejor contribución que podemos hacer a la misión de la iglesia que siempre es cambiante. Pensemos en todas las generaciones de mujeres y hombres para preguntarnos ¿Quiénes? ¿Dónde y cómo pueden hacer esta diferencia cualitativa?
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

martes, 7 de abril de 2026

El Espíritu Santo nos desafía a ser inclusivos, es poder nivelador destructor de todo privilegio y que todas las voces sean escuchadas.

Una nueva obediencia

“Al multiplicarse los creyentes rápidamente, hubo muestras de descontento. Los creyentes que hablaban griego se quejaban de los que hablaban hebreo diciendo que sus viudas eran discriminadas en la distribución diaria de los alimentos”, Hch 6:1

La ayuda a los necesitados llego a ser una práctica diaria de la iglesia naciente. A medida que la iglesia crecía surgió una desigualdad entre los griegos o helenistas que eran los judíos que se habían criado lejos de Palestina y los hebreos de Palestina cuya lengua era el arameo. Estos últimos se consideraban mejores que los de lengua griega y el descontento surgido fue por la injusticia en la distribución de alimentos.

La solución fue buscar y elegir personas que estén llenos del Espíritu y de sabiduría para servir en esta tarea. Los creyentes eligieron a personas de la cultura griega o helenista y se les dio la autoridad de administrar los recursos.

La visión que está detrás de todo esto es la que deriva del pentecostés. El Espíritu Santo ha traído el tema de la importancia del pluralismo y la participación de todos los sectores culturales y sus respectivas lenguas. El Espíritu Santo nos desafía a ser inclusivos, es poder nivelador destructor de todo privilegio y que todas las voces sean escuchadas.

Nos llama a que pueda haber equidad donde no debe prevalecer una lengua o cultura sobre la otra. Al abrirse a los griegos o helenistas la comunidad se transformó en un puente para la misión entre los gentiles o paganos. El futuro de la iglesia estaba en aquellos griegos que habían sido marginados. Este acontecimiento amplio la misión de la iglesia. El Espíritu Santo llama constantemente a la iglesia a una nueva obediencia y junto con esto nos abre un nuevo camino.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox

lunes, 6 de abril de 2026

Un discípulo de Jesús es un signo para encender un deseo donde la fe se hace invitación

Permanecer como Discípulos

“Al día siguiente, Jesús decidió ir a Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: «Ven, sígueme», Jn 1:43

Un discípulo de Jesús es una persona en “comunión” y la fe se convierte en una buena noticia para los demás

Un discípulo de Jesús es una persona que vive lo sobrenatural con los ojos de la fe y encuentra un cielo abierto lleno de posibilidades

Un discípulo es alguien que responde a una llamada de gracia y no de mérito, se pone en movimiento porque es propuesta de relación y afecto con Jesús

Un discípulo es una persona que entiende que “alguien se ha decidido por él” porque Jesús lo ha elegido, no es conquista personal, es ser conquistado

Un discípulo es alguien que acepta la aventura y el riesgo respondiendo en forma incondicional y generosa al acercamiento de Jesús

Un discípulo de Jesús es una persona que pasa de la experiencia a la inexperiencia para imitar las actitudes de servicio de Jesús

Un discípulo de Jesús es alguien que no opone resistencia para lanzarse a la inexperiencia por seguir a Jesús

Un discípulo de Jesús es un signo para encender un deseo donde la fe se hace invitación

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


domingo, 5 de abril de 2026

La resurrección cambia todo. Es alegría y esperanza.

Certezas, motivos y razones

“No llores, no tengas miedo” ¡Cristo ha resucitado!, Mt 28:5
La resurrección de Jesucristo nos da suficientes motivos, razones y certezas para confiar y seguir a Jesús. En medio de cualquier oscuridad, desilusión o frustración debemos volver a recordar que hay un nuevo día y amanecer.

La luz triunfa sobre las tinieblas, la vida sobre la muerte, la justicia sobre la injusticia, la verdad sobre la mentira y el amor sobre el odio. Sin entender todo, se nos llama a creer y avanzar.

La única manera de conocer a Jesús es caminar con él. En medio del camino las dudas son aclaradas y viene la certeza. María Magdalena se quedó llorando junto al sepulcro, Jn 20:10-11 y busca a Jesús como alguien que está muerto, Lc 24:5. No ve a Jesús resucitado. Estamos tentados a pensar que la resurrección de Jesucristo no puede ayudarnos en nuestras luchas, dudas y temores. Jesús nos invita a cambiar nuestro criterio.

Jesús cuestionó a María Magdalena ¿Por qué lloras? Quiere que veamos su presencia en medio de toda circunstancia. Ninguna situación está fuera del control de Dios. Ella y las otras mujeres le abrazaron los pies y lo adoraron, Mt 28:9, pero su mandamiento fue de animar a los hermanos, salir al mundo y no privatizar la misión.

“Vivir de acuerdo con la resurrección de Jesucristo es permitir que su voluntad sea la guía para todo aspecto de nuestra vida”. Salgamos con una misión de amor compartiendo todo el evangelio con toda la humanidad

El último enemigo                                                                                                                                    

“El domingo por la mañana temprano, mientras aún estaba oscuro, María Magdalena llegó a la tumba y vio que habían rodado la piedra de la entrada. Corrió y se encontró con Simón Pedro y con el otro discípulo, a quien Jesús amaba. Les dijo: «¡Sacaron de la tumba el cuerpo del Señor, y no sabemos dónde lo pusieron!». Pedro y el otro discípulo se dirigieron a la tumba”. Jn 20:1-3

María Magdalena llegó a la tumba y podemos imaginar su paso. Alessandro Pronzato nos comenta: “Es el típico de quien va al cementerio. Cuando uno tiene una cita con la muerte no corre … El andar de Maria Magdalena hacia el sepulcro es pesado, cansado, doliente, resignado, … y se lleva consigo solo los recuerdos, pero he aquí que, de repente, se convierte en testigo del acontecimiento más increíble que se pueda imaginar. Vio que habían rodado la piedra de la entrada. El incidente inesperado. El que lo cambia todo. Si la piedra que sella la tumba no está en su lugar, nada ya está en su sitio. Si ni siquiera hay orden en un cementerio, es que todo ha cambiado. Si hasta los signos intocables de la muerte han sido alterados, entonces nada se encuentra en su lugar”.

La resurrección cambia todo. Es alegría y esperanza. Ni la muerte ni la vida son ya lo que han sido hasta ahora. María Magdalena corrió y se encontró con Simón Pedro y con el otro discípulo, a quien Jesús amaba. Les dijo: «¡Sacaron de la tumba el cuerpo del Señor, y no sabemos dónde lo pusieron!» Todos se pusieron a correr, se cruzan, hay confusión, pero aquí la desgracia irreparable le ha sucedido a la muerte. Lucharon vida y muerte, pero algo grave le sucede a la muerte. Precisamente a ella, que parecía dueña absoluta del campo, siempre dominadora invencible, acostumbrada a decir la última palabra, se encuentra vencida por alguien mas fuerte y de aquí nace la esperanza para todos nosotros.

La buena noticia que anunciamos es que Dios resucitó a Cristo. ¡Cristo resucitó! Esto nos enseña que también resucitarán los que murieron. Lo cierto es que Cristo sí resucitó de los muertos. Él es el primer fruto de una gran cosecha, el primero de todos los que murieron.

“Oh muerte, ¿dónde está tu victoria? Oh muerte, ¿dónde está tu aguijón?», 1 Co 15.55. Todos los que pertenecen a Cristo recibirán vida nueva. Todos los que pertenecen a Cristo serán resucitados cuando él regrese. “Y el último enemigo que será destruido es la muerte. Pues las Escrituras dicen: «Dios ha puesto todas las cosas bajo su autoridad», 1 Co 15:26-27

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


sábado, 4 de abril de 2026

La Victoria Cósmica: ¿Dónde estaba Jesús el sábado?

Sábado Santo y la victoria cósmica, oculta en el silencio

Dick Robinson

Celebramos el Viernes Santo con solemnidad, el Domingo de Pascua con alegría. Pero el sábado —el día intermedio— suele pasar desapercibido. La mayoría de las iglesias no celebran ningún servicio especial. No hay dramatismo. Solo la extraña y pesada espera.

He llegado a creer que ese silencio es en sí mismo una declaración teológica. Fleming Rutledge, en su magnífica obra sobre la crucifixión, presenta el Sábado Santo como el día de la ocultación de Dios: el día en que Cristo entra en plena solidaridad con cada ser humano que alguna vez ha yacido en la tumba. Ella insiste en que esto no es incidental al evangelio; es parte de su esencia, de su significado. Y ofrece una palabra a la que vuelvo a menudo: «El descenso de Cristo a los infiernos significa que no hay ningún reino en el universo, ni siquiera el dominio de la Muerte y el diablo, donde alguien pueda ir y quedar separado del poder salvador de Dios».

Léanlo despacio. No hay ningún lugar al que ir donde Cristo no haya ido ya. Esto no es una nota al pie. Son buenas noticias. Algo estaba sucediendo en ese silencio. Algo sísmico.

Lo que dice el Credo

La mayoría de los cristianos recitan el Credo de los Apóstoles sin detenerse en una de sus frases más extrañas: «Descendió a los muertos».

Las traducciones antiguas dicen «descendió al infierno», lo que, lamentablemente, evoca imágenes de fuego y castigo. Pero la palabra original es Hades, el reino de los muertos, lo que las escrituras hebreas llaman Seol. Rutledge es cuidadoso aquí: el infierno no es tanto un lugar de llamas como «un dominio donde el mal se ha convertido en la realidad reinante: un imperio de muerte». Hades no es un dominio, sino un reino. Cristo no descendió a un lugar; entró en territorio enemigo.

Michael Bird, en «Lo que los cristianos deben creer», nos ayuda a comprender cómo se imaginaban los judíos del Segundo Templo al pensar en el Seol. Tenía dos regiones distintas. En una se encontraban los muertos impíos, a la espera del juicio final. El otro lugar —a veces llamado «Paraíso» o «el seno de Abraham»— albergaba a aquellos que habían muerto en fiel pacto con Yahvé: Abraham, Moisés, David, los profetas, todos los santos de Israel.

Eran personas que habían confiado en las promesas de Dios sin ver su cumplimiento. Habían vivido y muerto esperando algo que solo vislumbraban a lo lejos.

Después del Viernes Santo y antes del Domingo de Pascua, el sábado, Jesús fue a verlos.

Fue a proclamar lo que la cruz había logrado: a anunciar en el reino de los muertos que la espera había terminado. Cuando Jesús le dijo al ladrón moribundo el Viernes Santo: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lucas 23:43), no lo decía a la ligera. El Paraíso estaba a punto de recibir a su Rey. Los santos del Antiguo Testamento, aquellos que habían muerto en la fe, ahora eran liberados y llevados plenamente a su presencia.

El día de la ocultación fue, para ellos, el día de su llegada.

El Sábado Santo lo cambió todo.

El arco de la historia: ya se está desarrollando

Una vez que se comprende esto, todo el arco de la redención cobra sentido.

Deuteronomio 32: Las naciones son divididas y entregadas a los hijos de Dios.

Sábado Santo: Cristo desciende, libera a los santos del Antiguo Testamento y proclama la victoria sobre los Vigilantes encarcelados. Su dominio es derrotado de raíz.

Domingo de Pascua: ¡Resurrección! La muerte misma, el último gran poder, es vencida.

Hechos 2: El Espíritu Santo se derrama en Pentecostés, la Torre de Babel se derriba. Cada nación escucha en su propio idioma. Los pueblos que antes estaban bajo el dominio de los rebeldes divinos ahora se reúnen de nuevo con YHWH mediante las buenas nuevas de su Hijo.

Apocalipsis 7:9-17: Una gran multitud de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y el Cordero, junto con los ángeles, los ancianos y los cuatro seres vivientes. Todo el cielo se reunió alrededor del vencedor.

Quiero dejar claro lo siguiente: este arco no es solo futuro. Ya está sucediendo. N.T. Wright, en Sorprendidos por la esperanza, argumenta que la Pascua no se trata de almas que escapan de la tierra al cielo, sino de la nueva creación de Dios que irrumpe en el presente. La resurrección inaugura un mundo nuevo; no solo promete uno en algún momento del futuro. Greg Beale interpreta el Apocalipsis de manera similar: no como un guion para una dispensación futura, sino como una visión de lo que el evangelio está haciendo ahora, en la era actual, a través del Espíritu y la iglesia. La multitud de Apocalipsis 7 se está reuniendo aquí y ahora, nación por nación, cultura por cultura, pueblo por pueblo, persona por persona.

Esta es la realidad del ya presente/aún no presente que se encuentra en el corazón del evangelio. Las naciones se están reuniendo en la era actual. El arco que va desde el Sábado Santo hasta Hechos 2 y Apocalipsis 7 no es solo futuro; se está desarrollando. Lo que significa que la labor misionera no es preparación para algo que aún no ha comenzado, sino participación en algo que ya está en marcha.

Cómo se ve esto en la práctica en Perú

Quiero compartir algo personal, porque esta teología no es abstracta para mí, para RiverWind ni para nuestros equipos en la Amazonía.

Trabajamos con iglesias indígenas en aldeas remotas de la selva. Parte de ese trabajo implica desenvolverse en un mundo donde los brujos —curanderos— ejercen una influencia espiritual real, donde los poderes indígenas no son descartados como superstición por quienes conviven con ellos. Han visto demasiado como para ignorarlos.

Rutledge insiste en que miremos el mal radical sin pestañear. El evangelio solo tiene sentido en el contexto de la oscuridad genuina, no en una versión idealizada. Tiene razón. No puedo servir bien a estas comunidades minimizando los poderes, fingiendo que la oscuridad no es real. Eso sería teológicamente incorrecto.

Un escrito realizado con lágrimas                                                                                           

“… le colocaron en la cabeza una corona hecha con ramas de espinos. Entonces comenzaron a burlarse de él, … Lo golpeaban en la cabeza con una vara y lo escupían, y arrodillándose delante de él le hacían reverencias. Cuando se cansaron de burlarse de él, le quitaron el manto rojo y le pusieron su propia ropa. Después se lo llevaron para clavarlo en la cruz.”, Mc 15:16-20

Este relato nos genera un fuerte pesar, lágrimas y dolor profundo. Esto es lo que nos describe Marcos cuando escribió sobre la crucifixión de Jesús. Lucas expresa: “Entonces Pilato sentenció a Jesús a muerte como la gente reclamaba… Y les entregó a Jesús para que hicieran con él como quisieran.”, Lc 23:24-25. El Señor y Rey del universo es maltratado por la humanidad. El justo sufriendo por los injustos, “tenía el rostro tan desfigurado que apenas parecía un ser humano, y por su aspecto, no se veía como un hombre.”, Is 52:14.

“¿Quién ha creído nuestro mensaje? ¿A quién ha revelado el Señor su brazo poderoso? Mi siervo creció en la presencia del Señor como un tierno brote verde, como raíz en tierra seca ... Fue despreciado y rechazado: hombre de dolores, conocedor del dolor más profundo. Nosotros le dimos la espalda y desviamos la mirada; fue despreciado, y no nos importó. Sin embargo, fueron nuestras debilidades las que él cargó; fueron nuestros dolores los que lo agobiaron ... él fue traspasado por nuestras rebeliones y aplastado por nuestros pecados. Fue golpeado para que nosotros estuviéramos en paz; fue azotado para que pudiéramos ser sanados. Todos nosotros nos hemos extraviado como ovejas; hemos dejado los caminos de Dios para seguir los nuestros…, Fue oprimido y tratado con crueldad; … no dijo ni una sola palabra…, Sin embargo, cuando su vida sea entregada en ofrenda por el pecado, tendrá muchos descendientes…, Yo le rendiré los honores de un soldado victorioso, porque se expuso a la muerte. Fue contado entre los rebeldes. Cargó con los pecados de muchos e intercedió por los transgresores”, Is 53:1-9.

Una declaración decisiva                                                                                                                   “Jesús lanzó un fuerte grito y murió …  El oficial romano que estaba frente a Jesús lo vio morir, y dijo: —En verdad este hombre era el Hijo de Dios.”, Mc 15:37-39

Marcos nos habla de un oficial romano que reconoce en Jesús al Hijo de Dios.  Esta declaración constituye el punto de llegada del Evangelio. Es la respuesta tan esperada a una pregunta fundamental: ¿Quién es Jesús?

Esta contestación viene de parte de un gentil o pagano y se constituye en una verdadera declaración de fe. Nos hace ver que el Espíritu prometido ya estaba actuando en medio de las personas. Cuando Jesús fue bautizado una voz que venía del cielo le dijo: «Tú eres mi Hijo, a quien quiero mucho. Estoy muy contento contigo.», Mc 1:11 y ahora, en el Calvario, después de su muerte hay un reconocimiento: "En verdad este hombre era el Hijo de Dios".

Es interesante observar que esta declaración no viene de parte de un discípulo, un amigo o un familiar, sino de parte de un gentil. Este oficial llegó a descubrir la identidad de Jesús no precisamente en el momento del triunfo, sino en la derrota y el fracaso. Nos encontramos con el cuerpo de Jesús azotado, una corona de espinas en la cabeza, desnudo, burlado, expuesto a todos los golpes, clavado y asesinado en una cruz. Es conmovedor ver que Jesús es reconocido no en el momento feliz de los milagros, sino cuando se negó a hacer el milagro de bajar de la cruz y murió.

En la oscuridad del final es reconocido por este oficial, un gentil que puede ver con claridad. En medio de la densa tiniebla que cubrió la tierra, esta persona pudo distinguir un rostro divino. Lo reconoce cuando está desfigurado y no transfigurado. “Creyente no es el privilegiado envuelto en la luz; es el que, incluso en la oscuridad, logra ver claro” 

Buscando la luz                                                                                                                                         “Ya era viernes por la tarde, y los judíos se estaban preparando para las celebraciones especiales del día sábado. Un hombre llamado José, del pueblo de Arimatea, no tuvo miedo de pedirle a Pilato el cuerpo de Jesús. José era un miembro muy importante de la Junta Suprema. Además, él oraba para que el reinado de Dios empezara pronto. Pilato se sorprendió mucho al oír que Jesús ya había muerto. Por eso, llamó al oficial romano para ver si era cierto, y para averiguar cuándo había sucedido. Cuando el oficial regresó con el informe, Pilato dio permiso para que le entregaran a José el cuerpo de Jesús. José compró entonces una sábana de tela muy fina y cara. Bajó a Jesús de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en una tumba. Hacía poco tiempo que José la había mandado construir en una gran roca. Luego tapó la entrada de la tumba con una piedra muy grande”, Mc 15:42-47

Cuando hay mucha familiaridad con la oscuridad debemos seguir confiando que puede aparecer la luz que necesitamos. Dios nos llama a no renunciar a lo que hemos creído y sostenido.

“José era seguidor de Jesús, pero no se lo había dicho a nadie porque tenía miedo de los líderes judíos”, Jn19:38. La esperanza puede resurgir cuando seguimos siendo audaces y valientes. “Jose fue un hombre bueno y honesto, y deseaba que Dios comenzara ya a reinar en el mundo. José era miembro de la Junta Suprema, pero cuando la Junta decidió que Jesús debía morir, él no estuvo de acuerdo”, Lc 23:50-51.

Dios nos llama a salir de la oscuridad y caminar hacia la luz. “Jose oraba para que el reinado de Dios empezara pronto”. Es una luz que no podemos ocultar. »Ustedes son como una luz que ilumina a todos. Son como una ciudad construida en la parte más alta de un cerro y que todos pueden ver. Nadie enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón. Todo lo contrario: la pone en un lugar alto para que alumbre a todos los que están en la casa”, Mt 5:14-15. "Desde que Juan el Bautista comenzó a predicar hasta ahora, el reino de Dios avanza a pesar de sus enemigos. Sólo la gente valiente y decidida logra formar parte de él”, Mt 11:12

Carlos Scott


Junto a Jesús no hay puestos reservados, son más bien lugares dejados libres y esto nos desafía a modificar nuestros itinerarios.

Modificando el itinerario                                                                                                                       

“Los soldados salieron con Jesús, y en el camino encontraron a un hombre llamado Simón, que era del pueblo de Cirene. Simón era padre de Alejandro y de Rufo; regresaba del campo y los soldados lo obligaron a cargar la cruz de Jesús”, Mc 15:21 

Cirene es una ciudad del norte de África en Libia. Allí habitaban numerosos judíos y representaban una cuarta parte de la población. Marcos nos presenta a Simón y a sus hijos que probablemente serían personas conocidas en la primera comunidad cristiana.

Simón es obligado a dar un servicio y en este caso llevar la cruz de Jesús. Simón regresaba del campo que en definitiva representaba la periferia de la ciudad y es el protagonista de un hecho histórico. Es el primer discípulo que sigue a Jesús llevando la cruz. Tiempo atrás Jesús les había enseñado a los discípulos que debían estar preparados para llevar la cruz, pero en esa hora no podemos encontrarlos.

Hay situaciones en que el seguimiento a Jesús se transforma en un llamado que viene de un mundo que pide urgentemente nuestra intervención, nos guste o no. El gesto de Simón de Cirene como la declaración de fe del oficial romano al ver morir a Jesús (Mc 15:39), indican que nuestro Dios levanta otras personas inesperadas, llegadas de lejos, que realizan y dicen lo que deberían haber hecho y dicho los “cercanos”, “los íntimos”, pero que no se dejan encontrar en la hora decisiva. Junto a Jesús no hay puestos reservados, son más bien lugares dejados libres y esto nos desafía a modificar nuestros itinerarios.

“No sean nunca perezosos, más bien trabajen con esmero y sirvan al Señor con entusiasmo. Alégrense por la esperanza segura que tenemos. Tengan paciencia en las dificultades y sigan orando. Estén listos para ayudar a los hijos de Dios cuando pasen necesidad. Estén siempre dispuestos a brindar hospitalidad”, Ro 12:11-13

Carlos Scott

viernes, 3 de abril de 2026

“¿La verdad? Demasiado comprometedora

La Verdad                                                                                                                                              “—¿Qué es la verdad?—preguntó Pilato…”, Jn 18:37-39

Nos encontramos con Pilato frente a Jesús y cuando el tema se trata de la verdad no solo puede producir incomodidad, sino también temor que aquel hombre que tiene encadenado le diga que es la verdad.

El juez se puede convertir en acusado y los roles pueden ser cambiados cuando se trata de valentía y dignidad. Nos encontramos con una persona libre estando presa y un magistrado o prefecto romano encadenado al poder y a los intereses de otros.

“—¿Eres tú el rey de los judíos?— le preguntó.” Y quizás con tono sarcástico “Así, con esta apariencia, ¿vas a ser tú rey?”. “Jesús contestó: —¿Lo preguntas por tu propia cuenta o porque otros te hablaron de mí?”. Frente a Jesús nos encontramos a inquietantes interrogatorios. Pilato que comenzó con cierta insolencia e ironía se ve obligado a modificar su actitud. Jesús no mira su jerarquía, cargo y posición. Lo despoja de su máscara autoritaria para confrontarlo interiormente ¿Tu cuestión es personal, auténtica o solo es superficial y curiosa? ¿Te sientes implicado con relación a tu persona o esto solo afecta para cuidar tu posición?

Con Pilato nos encontramos con un intento normal de esconder las cuestiones que más atormentan y más secretas. Tiene miedo a que la verdad sea aquella que tiene delante sin triunfalismo, sin aplausos, sin privilegios, no rentable. Miedo a descubrir una verdad que pierde, que da risa, humilla, perseguida y en minoría. Es el miedo a una verdad que es más importante que el dinero y la popularidad. Alessandro Pronzato comenta: “¿La verdad? Demasiado comprometedora. Si fuera sólo cuestión de conocer, se la podría afrontar. Pero es claro que se trata de verse involucrado, implicado"

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox


Dios nos llama en este tiempo a ser coherentes, tener convicción y no eliminar la presencia inquietante de Jesús

Un absoluto “SI”

“Pilato le preguntó a Jesús: —¿Eres en verdad el rey de los judíos?”, Mc 15:2
Pilato se caracterizó por ser una persona indeterminada, confusa, oscura, incierta y oportunista. Su perfil quedaría resumido en no tener complicaciones. Poncio Pilato estaba convencido de la inocencia de Jesús e insistió en su absolución porqué desconfiaba de los jefes de los sacerdotes. Los dirigentes religiosos entregaron a Jesús por envidia porque lo que estaba en juego era el poder y el control, Mc 15:9-10. Ellos deseaban su muerte a causa de la popularidad que había logrado junto al pueblo.
La envidia es la venganza de los incapaces y lo que se envidia es la capacidad de los otros. El envidioso revela, a pesar suyo, la grandeza del otro. El envidioso es como aquel que arroja piedras contra un árbol lleno de frutos. La envidia no busca conflictos con la mediocridad porque el que envidia pretende oscurecer, ocultar, echar sombras sobre la capacidad del otro y termina iluminando la grandeza ajena. Su tragedia es esta: el bien le hace estar mal.
Luego de un juicio interno y proceso injusto entregan a Jesús por ser un perturbador. Pilato discute e intenta negociar, se toma tiempo, pero luego cede ante la multitud. Todos tienen prisa, en el caso de Pilato "terminar" con lo que había tratado de evitar y para los religiosos "eliminar al perturbador para pasar su pascua tranquila". Pilato se debe enfrentar cara a cara con Jesús, con los jefes judíos, con el pueblo y en su imaginación con sus superiores de Roma. Todo esto nos lleva a pensar que hay momentos en la vida que debemos tener valor para decir “Si” a unos y “No” a otros.
Cuando no se tiene valor para estar cara a cara con Jesús es cuando cedemos el lugar a otras cosas y nos alejamos de los valores del Salvador. Ese puede ser el momento donde corremos el peligro de mirar para otro lado y las decisiones podrían ser como la de Pilato: “quedar bien con aquello que destruye”. Dios nos llama en este tiempo a ser coherentes, tener convicción y no eliminar la presencia inquietante de Jesús. El ¡Sí! a él debe salir de un “No” a otras cosas. El tema central es comprometer nuestra existencia con el Señor. Jesús quiere convertirse en una decisión seria para nosotros. Vivamos nuestra vida en su seguimiento.
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

jueves, 2 de abril de 2026

"No estarás acusándome a mí, ¿verdad?"

Una cena complicada

“Al anochecer, Jesús y los doce discípulos fueron al salón. Mientras cenaban, Jesús dijo: —El que va a entregarme a mis enemigos, está aquí cenando conmigo. Los discípulos se pusieron muy tristes, y cada uno le dijo: —No estarás acusándome a mí, ¿verdad? Jesús respondió: —Es uno de ustedes, y ahora mismo está mojando su pan en el mismo plato que yo”, Mc 14:17-21
Cuando Jesús nos confronta y examina nuestro caminar nos podemos encontrar con una palabra que nos perturba, “—El que va a entregarme a mis enemigos, está aquí cenando conmigo”. Nuestra reacción podría ser como la de ellos "—No estarás acusándome a mí, ¿verdad?”.
Cuando los discípulos se pusieron muy tristes quizás se estaban mirando a sí mismos ante sus opciones oscuras y con sus pecados no confesados. Es el momento donde todo sale a la luz y en esta cena no falta nada, orgullo, impureza, incredulidad, desconfianza, lucha por el poder, traición.
Recordamos las palabras de Jesús cuando le dice a sus discípulos "amigos, ...”, Jn 15:15. En medio de cualquier circunstancia Jesús se atreve a llamarme “amigo”. Espera de nosotros algo diferente y un nuevo comienzo. Cuando esto no ocurre se le abre la puerta al adversario.
“Cuando Judas comió el pan, Satanás entró en él”, Jn 13:27. El demonio tiene vía libre cuando el amor se convierte en desertor. “Así que Judas se fue enseguida y se internó en la noche.”, Jn 13:30. Cada uno se quedó en su sitio y no se movieron para ir a buscar a Judas. ¿No se habrán dado cuenta? ¿Estaría cada uno pensando en sus propias traiciones? ¿No les interesó la salida de Judas? Parece que esta comida llena de amor se convirtió en una cena de indiferencia de la iglesia naciente.
Él sigue esperando que alguno de los “suyos” se levante y salga fuera a buscar al que se puede perder. “Amados hermanos, si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad. Y tengan mucho cuidado de no caer ustedes en la misma tentación. Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros”, Ga 6:1-3
Carlos Scott
Foto Gilbert Lennox

miércoles, 1 de abril de 2026

El modelo para ser un discípulo de Jesucristo

Jesús era una persona que estaba dando vuelta el orden social

“Cuando se acercó a Simón Pedro, este le dijo: —Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí? Jesús contestó: —Ahora no entiendes lo que hago, pero algún día lo entenderás. —¡No!—protestó Pedro—. ¡Jamás me lavarás los pies! —Si no te lavo —respondió Jesús—, no vas a pertenecerme. —¡Entonces, lávame también las manos y la cabeza, Señor, no solo los pies!—exclamó Simón Pedro. Jesús respondió:—Una persona que se ha bañado bien no necesita lavarse más que los pies para estar completamente limpia. Y ustedes, discípulos, están limpios, aunque no todos.”, Jn 13:6-10

Jesús era una persona que estaba dando vuelta el orden social. La actitud de Jesús en lavar los pies de todos produjo una reacción fuerte en Pedro. “¡No!, protestó Pedro jamás me lavaras los pies”, Jn 13:8. No podía soportar la idea de que Jesús se humillara de esa manera. Jesús estaba rompiendo con el paradigma de los honores y prestigio que solemos tener en nuestro medio.

Pedro seguramente no se sentía digno. Tenía razón: no era digno de recibir esto, ninguno lo somos, pero no era una cuestión de mérito sino de Gracia. Lo que nos cuesta entender es el mensaje central: Jesucristo sirve y da su vida por los pecadores. Su humillación lo engrandece una vez más y de aquí nace el modelo del Siervo, el modelo del pastorado, el modelo para ser discípulo.

La reverencia del sistema actual o del mundo es diferente. Encuentra difícil hacer lo que el Señor hizo. “Por tanto, si sienten algún estímulo en su unión con Cristo, algún consuelo en su amor, algún compañerismo en el Espíritu, algún afecto entrañable, llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no solo por sus propios intereses, sino también por los intereses de los demás.”, Fil 2:1-4

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox