Simple y profundo
Las iglesias en casa son sencillamente comunidades más participativas al compartir la vida, escucharnos, orar juntos, edificamos mutuamente siguiendo a Jesús y viviendo en misión. Estamos hablando de cómo vivir como iglesia de una manera sencilla que permite que todos participen y que la vida de Jesús se multiplique en cualquier lugar.
Hablamos en como seguir a Jesús en la vida diaria. Cada persona viene con algo para dar. Puede haber facilitación, pero no centralización. La Escritura nos muestra una comunidad donde cada uno aporta para la edificación común. Toda gira alrededor de Cristo y de la edificación mutua. Todos tienen algo que aportar, 1 Co 14:26.
Compartimos tiempo como familia. Conversamos, muchas veces comemos juntos y escuchamos cómo están las personas realmente. La comunidad se forma en la cercanía, proximidad, apego, empatía, en la honestidad y en la vida compartida. Buscamos cultivar una comunidad centrada en Jesús. Caminamos con otros en relaciones cercanas, donde hay espacio para conocer la vida, aplicar la Palabra, animarnos y crecer juntos. Todo se trata de seguir a Jesús, sus opciones y gestos.
Cada vez que nos juntamos seguimos los ritmos de vida que nos indicó el Señor compartiendo la Cena del Señor. Son ritmos de vida que, vividos con consistencia, forman discípulos. Creemos que cada discípulo debe desarrollar una relación real y constante con Dios a través de Su Palabra. La Escritura pertenece a toda la comunidad. Nos acercamos a la Biblia para ser formados y transformados por Jesús. Cuando nos reunimos, oramos unos por otros, por necesidades reales, por dirección, por sanidad, por personas y por la misión. La iglesia depende del poder y la dirección del Espíritu Santo.
No vemos la misión como una actividad adicional, sino como parte de nuestra vida diaria. Vivimos enviados en nuestras relaciones, trabajos, vecindarios y familias. Servimos con intención, construimos relaciones reales y compartimos a Jesús de manera natural. Lo que hacemos puede ser vivido por personas comunes, en lugares comunes, con una fe profundamente centrada en Jesús.
“Que el mensaje de Cristo, con toda su riqueza, llene sus vidas. Enséñense y aconséjense unos a otros con toda la sabiduría que él da. Canten salmos e himnos y canciones espirituales a Dios con un corazón agradecido. Y todo lo que hagan o digan, háganlo como representantes del Señor Jesús y den gracias a Dios Padre por medio de él.”, Col 3:16-17
Las Casas en El Camino. Una mesa abierta para todos




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