domingo, 1 de noviembre de 2026

Cara a Cara

Caminar hacia el otro

«Les enviamos a Judas y a Silas. Ellos personalmente les explicarán el acuerdo a que hemos llegado”, Hch 15:23-27

Desde la perspectiva de Lucas, el Concilio de Jerusalén fue muy importante porque lo que estaba en juego era el evangelio mismo y el seguimiento a Jesucristo. Se trataba de un movimiento que incluía a toda persona de cualquier etnia que llegara a creer en Jesús y ser salvo por la gracia del Señor. Pedro, Santiago y tantos más llegan a la conclusión que no hay que poner obstáculos a los gentiles que aceptan a Jesucristo.

La asamblea ratifico el principio de la libertad, de la autonomía y enviaron una carta afirmando la importancia del Espíritu Santo como guía de la comunidad. Hay una escucha humilde de la voz del Espíritu y por lo tanto han decidido no imponer cargas innecesarias. Pedro dijo: “Dios no ha hecho ninguna diferencia entre ellos y nosotros, pues también a ellos les perdonó sus pecados cuando creyeron en Jesús”, Hch 15:9.

Estos acontecimientos nos dejan algunas reflexiones. Es Dios quien purifica el corazón de las personas y no la aceptación de nuestra práctica religiosa. Debemos ser lentos para juzgar. “No llames a algo impuro si Dios lo ha hecho limpio”, Hch 11:9. Debemos confiar en el trabajo del Espíritu Santo en las vidas de los nuevos creyentes y en los nuevos movimientos. Busquemos la evidencia de la obra de Dios. Animemos a los creyentes a obedecer y confiar en el Espíritu Santo. Ayudemos a la gente a descubrir por sí mismos principios bíblicos para hallar respuestas sabias y seguir a Jesucristo.

Vivamos la unidad sin caer en la uniformidad, la distinción sin caer en el individualismo o personalismo, vivamos la diferencia sin caer en la división. Que nuestra existencia sea como una danza de vida y amor girando en rededor unos con otros. Que nos podamos mirar cara a cara y caminar hacia el otro, sin separación y confusión. Vivamos la unidad en la diversidad.

Carlos Scott 

Foto Gilbert Lennox


Audacia y Valentía

“¡Manos a la obra!”, Neh 2:18.

Recordamos la misión y visión de Nehemías que tenía que ver con reedificar, construir, renovar y restaurar los muros de Jerusalén. Cuando llegó a la ciudad de Jerusalén fue prudente, hizo un relevamiento y buscó el tiempo adecuado para compartir la visión. Cuando llegó el momento sus primeras palabras fueron de ánimo y desafío.

Nehemías sabía lo que significaba “ser audaz y valiente”. Él estuvo en el proceso de restaurar la esperanza de un grupo entero de personas. Nunca es fácil reedificar, construir, renovar y restaurar – se necesita valentía, firmeza y el compromiso de asumir riesgos.

Reedificar las murallas de la ciudad de Jerusalén requería un equipo que entendiera la realidad y que estuviera comprometido a hacer lo que se tenía que hacer – independientemente de lo que sucediera. Solamente después que Nehemías les dijo a las personas “cómo la bondadosa mano de Dios había estado con él" la respuesta del grupo fue: “¡Manos a la obra!” y unieron la acción a la palabra", Neh 2:18.

Ser audaz y valiente significa emprender acciones poco comunes sin temer las dificultades o el riesgo que implican. Necesitamos a otros valientes, quienes puedan “esforzar sus manos.” Que puedan caminar con nosotros y juntos “construir y levantar.” Eso nos debe traer esperanza: reedificamos con audacia y valentía. ¿Habrá algo que debemos construir o reedificar, restaurar y renovar? ¿Dónde necesitamos ser audaces, valientes y tener Fe?

Oración por valentía: “Abre mis ojos, Señor, para que pueda ver la necesidad de los demás, Abre mis oídos para que pueda escuchar su clamor, Abre mi corazón para que no tengan que quedar sin auxilio. No permitas que deje de defender a los débiles, por miedo al enojo de los fuertes, No permitas que deje de defender a los pobres. Muéstrame donde hace falta el amor, la esperanza y la fe, úsame para llevarlos a ese lugar. Abre mis ojos y mis oídos de tal manera que en este día pueda hacer una obra de paz para ti”.

Carlos Scott

Foto Gilbert Lennox